Durante un fin de semana en Dublín podrás conocer su alma bohemia y recorrer todos los rincones de la ciudad. Si tu vuelo a Dublín llega por la tarde, vete al Temple Bar. Es el barrio más antiguo de la ciudad, repleto de bares y pubs típicos irlandeses, donde al caer la tarde resuena el murmullo jovial de quienes acuden a disfrutar de la música folk mientras degustan una cerveza negra o un whisky. Al otro lado del río Liffey, encontrarás pubs centenarios y tabernas muy culturales con un ambiente más local.
Empieza el segundo día en la ciudad disfrutando de un buen desayuno irlandés, que lleva morcilla blanca y negra, panceta, huevos, tomate, pan de soda y, a veces, papilla de avena. Tras coger fuerzas, dirígete a la calle O'Connell. Es la más céntrica y reúne los monumentos más simbólicos: The Spire, una aguja de acero de más 120 metros; la oficina central de Correos; la estatua del libertador O'Connell; el Trinity College con su esfera de Pomodoro, que incluye una biblioteca con una gran colección de escritos medievales; o Hodges Figgis, la librería más antigua de la ciudad.
Continúa por la calle Grafton, donde verás el parque St. Stephens Green, la galería Nacional o el museo Nacional, y llega hasta el barrio georgiano, repleto de casas de ladrillo típicas con puertas de colores y jalonada con la escultura de Oscar Wilde.
Culmina tu escapada a Dublín visitando la catedral St. Patricks, la mayor de Irlanda; Crist Church; el barrio de Liberties, donde rebosan loa anticuarios y las librerías; Kilmainham Gaol, la prisión por donde pasaron muchos independentistas irlandeses; y la fábrica de cerveza Guinness.
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¿Cuál debería ser la duración de tu estancia en Dublín?
Dublín es un ciudad relativamente pequeña, en la que las distancias entre los lugares más emblemáticos, muchos de ellos aglutinados en el centro, no son demasiado largas. En tres días podrás ver lo más importante de la capital irlandesa.